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Don Cactus

Hace un tiempo escribimos un post que queremos volver a compartir con todos vosotros en el que hablamos de la experiencia de alojarse en un camping.

La mayoría de nosotros vivimos en un piso de mayor o menor tamaño, integrado en un edificio con mayor o menor número de plantas y vecinos. En muchas ocasiones, uno tiene la sensación de estar frente a una especie de colmena humana al contemplar una sucesión, casi interminable, de viviendas de gran altura que forman un conjunto totalmente homogéneo. Algo, totalmente deshumanizado más si en el entorno no existe un espacio verde donde respirar y poder “escapar” de esas cuatro paredes.

Hoy en día, especialmente en las grandes ciudades, el contacto con la naturaleza se ha perdido prácticamente y cada vez es más difícil ir distinguiendo el paso o cambio de las estaciones, ya no sólo por el dichoso “cambio climático” sino porque en un entorno donde predomina el asfalto y el ladrillo es muy difícil apreciar la caída de las hojas de los árboles o la floración de las plantas.
Es casi como si viviéramos de espaldas a nuestro entorno natural, al que debemos, no hay que olvidarlo, nuestra supervivencia y que nuestra existencia pueda ser más o menos agradable.

Para intentar compensar ese déficit de contacto con la naturaleza son muchos, cada vez más, los que llegado el fin de semana huyen de la ciudad en busca de aire fresco y de entornos más agradables.
Muchos quedan decepcionados, porque el lugar donde pensaban disfrutar de la naturaleza se encuentra totalmente abarrotado de gente debido a su accesibilidad. Otros, encuentran el lugar soñado, donde desconectar y cargar pilas, pero la experiencia tiene las horas contadas y se reduce a una jornada de domingo o en ocasiones, los más afortunados, a un fin de semana.

Por tanto, si tenemos tanta necesidad de volver a descubrir esa naturaleza casi olvidada ¿por qué nos empeñamos año tras año en elegir para nuestras vacaciones un alojamiento donde estamos igual de “enclaustrados” que en nuestra casa?
No sería más lógico intentar romper con esa monotonía y probar con algo nuevo?

Muchos ya se plantearon estas cuestiones hace tiempo y supieron darse cuenta de que ese lugar, bien podría ser un camping.
¡Por fin un lugar donde las 4 paredes dejan de ser de ladrillo! Un alojamiento que además de permitirnos descansar o visitar nuevos lugares, nos da la ocasión de disfrutar y descubrir los sonidos, colores y olores de la naturaleza…Yo no olvidaré nunca que la primera vez que vi una ardilla fue en un camping en Soria! Como el mío habrá de cientos de casos, de niños e incluso de adultos que habrán sido testigos de escenas cotidianas de la naturaleza que hasta entonces sólo las habían visto o en televisión.
Y es que, el porche de un bungalow, una tienda o una caravana es un lugar perfecto para disfrutar de todo lo que la naturaleza nos concede y a lo que apenas prestamos atención.

En los ojos de un niño, todo esto se magnifica mucho más. Y más ahora, en el que el ocio infantil se hace cada vez más de puertas para adentro y además de forma individualizada. Poder correr libremente, entrar y salir, jugar con otros niños, buscar saltamontes o intentar grillos es algo de lo no deberíamos privar a nadie, y sin embargo, cada día es más habitual.

Por lo tanto, este próximo año, sería interesante a la hora de planificar el tan merecido descanso anual, hacer un ejercicio de reflexión y analizar si queremos seguir haciendo lo mismo que los 11 meses precedentes o deseamos vivir una experiencia que seguro, será inolvidable.

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Tags : Alojamiento idealcampingrednaturalezaViajar con niños

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